miércoles, 27 de mayo de 2009

Denuncia modosa

(pareciera que no quiere molestar, lo bocón le sale para otros menesteres, otras personalidades y otros actores políticos. La disciplina reporteril le cubre la boca. No acusa a nadie directamente. En fin, así son los reporteros en la república de las bananas)

Crimen y desesperanza
El asalto a la razón
Carlos Marín

2009-05-27

Esta mañana, en el cementerio del ejido coahuilense Paso del Águila, Torreón, será sepultado el cuerpo de Eliseo Barrón Hernández, el reportero de La Opinión MILENIO que una partida de rufianes levantó de su casa, torturó y asesinó antier por la noche.

La infamia pasó a formar parte de las estadísticas que hacen del nuestro uno de los países donde más peligro corren los oficiantes del periodismo en territorios que se antojan ajenos a la Federación.

El patrimonio material de Eliseo eran la modestísima casa de donde fue secuestrado y una triste camioneta, pero su riqueza la conformaban sus desventurados deudos, en particular su esposa, dos hijitas, su madre y seis hermanos.

A la consternación y tristeza se suma el hecho de que ninguno del medio centenar de asesinatos de periodistas ocurridos en México de 2000 a la fecha ha sido resuelto por cualquiera de las 33 eufemísticas procuradurías de justicia, incapaces también de aclarar la mayor parte de todos los crímenes que a diario se cometen en agravio de cualquier hijo de vecino.
Diario Milenio



Y su par chambón: Cuánta sobriedad para hablar del crímen, no grita para no despertar a sus jefes

El asesinato de Eliseo y las batallas que vienen
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva

2009-05-27

Le tocó a Eliseo. Nos tocó a nosotros.

Eliseo Barrón Hernández era un reportero de 36 años de MILENIO La Opinión Torreón respetado por editores y compañeros. Cubría notas policiacas y, por lo mismo, de alguna manera, la guerra contra el crimen organizado. Los criminales entraron a su casa, se lo llevaron, lo torturaron y ejecutaron.

Unas cinco horas duró el martirio de Eliseo.

No abrigo esperanzas en la investigación de la PGR. Dígase lo que se diga, el Estado mexicano sigue siendo incapaz de proteger a sus ciudadanos. Que den o no con los criminales, da hoy más o menos lo mismo en términos de seguridad y tranquilidad. Ayer fue Eliseo, mañana puede ser cualquiera de nosotros.

Periodísticamente, lo más dramático de la muerte de Eliseo y otros reporteros en los últimos años es que los ejecutaron sin que ellos (ni nadie en la prensa regional, nacional o extranjera) consiguieran acercarse al cerebro, espina dorsal o corazón del narcotráfico.

La estrategia de repliegue informativo que hemos adoptado todos es un pierde-pierde. Nos replegamos para no mortificar a los narcos y los narcos siguen ejecutando a placer. Antes mataban a quienes los desafiaban, hoy a un reportero de nota roja, mañana podrían seguir con los editorialistas, los de deportes, espectáculos.

El crimen avanza, la prensa se achica. Pésima ecuación.

Sé que es ingenuo volver a llamar a un acuerdo gremial. En teoría, soy el primero en reprobarlo: creo en la competencia noticiosa. Pero esta guerra, y víctimas como Eliseo, obligan cuando menos a repensar si vale la pena cubrir colectivamente al narco. Porque, ¿qué diario, revista, noticiero de televisión, programa de radio, le va ganando al hampa?

Ninguno.
Diario Milenio

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