lunes, 20 de abril de 2009

Análisis sesudo del personaje que se hace acompañar de un payaso en la T.V.

Hasta la refinería desahucia
El asalto a la razón
Carlos Marín
El sábado en Tampico, Andrés Manuel López Obrador delató un desconocimiento craso en la materia de que suele hablar como si fuese experto: la industria petrolera.

Al referirse a la decisión de construir la nueva refinería en Tula, dejó escapar que la noticia le provoca escozor, en un discurso “en defensa del petróleo” pletórico en vaguedades, generalizaciones, lugares comunes y proclamas patrioteras que carece de bases técnicas elementales.

A lo mejor el origen de su enojo es que ignora que los proyectos más ambiciosos imponen plazos inexorables, como los previstos para la nueva planta:

“Sigo en la apuesta, y ojalá la pierda, de que no van a terminar en este sexenio refinería alguna, que no van a poner ni siquiera un ladrillo de la tan anunciada nueva instalación…”, declaró, desdeñando que el director general de Pemex advirtió que, en lo que resta de 2009, la empresa desarrollará la “ingeniería conceptual”, y en 2010 la “ingeniería de detalle” (lo cual no puede hacerse antes de que el gobierno de Hidalgo, en un plazo máximo de 100 días a partir del 14 de abril, cede las 700 hectáreas que se necesitan).

¿Ignora que hasta después de concluidas esas primeras etapas procede la convocatoria para la licitación de los trabajos y que del inicio a la conclusión de las obras deberán transcurrir más de cuatro años (50 meses)?

Pero para López Obrador todo “es pura demagogia”, debido a que a los panistas en el poder no les interesa nada en este sentido; su único objetivo son los negocios porque “son unos corruptos, unos verdaderos ladrones”.

Lo que quieren, afirma el legítimo, es la importación de gasolina (no la construcción de la refinería) porque se les terminaría “el gran negocio que representa comprarla en otros países…”.

Es muy probable que la frase “Vísteme despacio porque tengo prisa”, atribuida a Napoleón, aplique en una refinería como la prevista en Tula, cuyo costo se calcula en nueve mil millones de dólares.

¿Acaso piensa López Obrador que se trata de un proyecto equivalente a sus segundos pisos o la primera línea del Metrobús?

Obsesionado por trazar su propia segunda vía rumbo a la próxima elección presidencial, cree ver o inventa moros con tranchetes que usa para su tenaz búsqueda de apoyo social (ayer, muchos de sus seguidores acudieron al Auditorio Nacional para intentar reventar el acto de su partido formal, el PRD, contra el que ha venido azuzando bajo el cargo de estar dirigido por “traidores”).

Nada para él tiene sentido, de no ser su peculiar “proyecto de nación”, en el que incluía por cierto, no hay que olvidar, la participación de capital privado en la industria petrolera.

A contrapelo de su discurso, lo mejor para él es la siembra de la desesperanza, hoy intentando desahuciar a los empobrecidos hidalguenses, ávidos de los empleos que implica la nueva refinería, ésa de la que afirma ni en 2011 ni en 2012 se colocará “la primera triste piedra…”
Diario Público, 20 de abril del 2009

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