miércoles, 22 de abril de 2009

Otro analista sin payaso: las cosas van mejor de lo que parecen y mejor de lo que pensamos

Los muertos
Día con día
Héctor Aguilar Camín
En sus dos últimas conferencias, ante la Associated Press en EU y en el Tribunal Superior de Justicia, el procurador de la República actualizó las cifras de muertos en la guerra contra el narco durante el gobierno de Felipe Calderón.

Las cuentas son así:

Entre diciembre de 2007 y marzo de 2009, la guerra contra el narco produjo 10,657 muertos, de los cuales 998 fueron policías o soldados.

El procurador no precisó la cifra de los civiles inocentes muertos. Dio una proporción: “Cuatro de cada cien se consideran civiles ajenos a las bandas de delincuentes”.

Es decir, de los 10,657 muertos, unos 450 son víctimas civiles, habiendo sólo un caso documentado de inocentes atacados intencionalmente por los narcotraficantes: las granadas que se lanzaron en Morelia sobre una multitud en la celebración del ritual patrio del 15 de septiembre.

450 muertos civiles inocentes en tres años son muchos muertos –uno solo lo sería— pero son seguramente menos que los que mueren en accidentes de automóvil, los que matan el cigarro o el alcohol, y los atropellados por el transporte público.

(Luiz González de Alba llevaba una estadística espeluznante de este último rubro. El transporte público de la ciudad de Guadalajara en aquellas cifras era más mortífero que el narco. Algo semejante medía Sergio Mastretta en Puebla, con resultados similares).

Las bajas de policías y soldados, con lo altas que son, tampoco son la parte fuerte de la estadística. La mayor parte de los muertos no provienen de la guerra que estas fuerzas libran contra el narcotráfico, sino de la guerra que las bandas del narco libran entre sí.

Es una sangría de sicarios que no puede durar porque la producción de sicarios de una sociedad no es infinita. De hecho, la estadística empieza a registrar una caída.

En 2008 hubo más de 6,000 muertes vinculadas al narcotráfico. Hasta marzo de 2009 iban 1,900 muertos, “una disminución de 26 por ciento”, según el procurador, “respecto de los últimos tres meses del año de 2008”.

De las cifras del procurador pueden concluirse tres cosas:

1. En México no hay una violencia del narco contra la sociedad.

2. La guerra del gobierno contra el narco produce un porcentaje pequeño de las muertes.

3. La gran violencia mexicana es la que ejercen los narcos sobre ellos mismos.

A esto hay que agregar que nueve de cada diez muertes suceden en lugares de la República que pueden contarse con los dedos de las manos, aunque su difusión se dé en todos los diarios y noticiarios del país.
Diario Milenio, 22 de abril del 2009

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