miércoles, 22 de abril de 2009

Otro analista, pero sin payaso

Ricardo Alemán
Itinerario Político

Contra lo que muchos suponen, la rechifla que se llevó El Chucho mayor —al tomar la protesta de los aspirantes amarillos a julio próximo— resultó lo más parecido a música celestial para el dirigente nacional del PRD. Y no, no es sarcasmo y menos parodia.
Lo que ocurre es que a la vista de todos se teje una nueva derrota político-electoral en torno al “mesías amarillo” —acaso la derrota final—, cuyos estertores son del tamaño de los espectáculos públicos que ofrecen sus fieras contra el PRD —que fue su partido— y su dirigencia formal. ¿Que de qué estamos hablando. Es fácil.

Todos en el partido amarillo saben que Andrés Manuel López Obrador apostó a la fractura de la franquicia perredista. Calculó que desde las imposturas del PT y Convergencia “vaciaría” al PRD y que, en julio, los electores sufragarían en multitudes incontenibles “por los amigos de Andrés”. La apuesta era y es crear un grupo parlamentario —desde sus casas chicas— del mismo tamaño que el grupo que lograría el PRD. Con ello mangonearía a los tres partidos y arrebataría la franquicia a Los Chuchos. Juega al nada ético “divide y vencerás”.

Pero caprichoso que es el poder —y salvo uno que otro descocado—, buena parte del perredismo entendió que la apuesta era suicida. Poco a poco se deslindaron de AMLO y sumaron con Los Chuchos. ¿Y qué creen? Que desde diciembre a la fecha, el PRD Chucho pasó de 10% de intención del voto a 19%, según las más recientes encuestas. Al mismo tiempo, PT y Convergencia no suman siquiera 4% de preferencias. ¿Cómo leer el alza sostenida del PRD Chucho, a pesar de cochinero y el sabotaje deliberado de Andrés?

Una lectura aceptada por muchos es que más allá del amor eterno, del fanatismo, religión y lealtad sin condiciones, en la política manda el poder. ¿Quién tiene el poder entre AMLO y Los Chuchos? Todos saben que el poder es el más potente afrodisiaco; potencia mayor incluso a cualquier religión. Si no, pregunten a Fernando Lugo, presidente de Paraguay, ex jerarca católico y pederasta confeso. Es decir, los amarillos van por el hueso, lo demás… es barbacoa.

La rechifla contra El Chucho mayor fue en realidad pataleo de ahogado. Intento de callar la más reciente encuesta y el dato duro de que el PRD brincó el histórico 17%-18% de intención de voto rumbo a julio, aun sin AMLO. Y falta la campaña abierta. Por eso Los Chuchos le ponen nombre y apellido al dinamitero del PRD. Es tabasqueño, para mayor seña.

El Universal, 22 de abril del 2009

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